La mañana del pasado miércoles 11 de Agosto, el movimiento social de El Salvador sufrió una irreparable pérdida. Alicia de García, una de las muchas madres que sufrieron el desaparecimiento de sus hijos e hijas, durante la guerra civil, falleció víctima de cáncer a los 63 años de edad, después de mucho sufrimiento y dolor por sus casi 33 años de lucha por los Derechos Humanos y la Justicia en el País.
Alicia, una de las co-fundadoras del Comité de Madres y Familiares de Desaparecidos y Asesinados Políticos de El Salvador, COMADRES. “Monseñor Romero”, fue una incansable defensora de los Derechos Humanos de los desaparecidos políticos, especialmente de los niños y niñas, que fueron los más afectados durante el conflicto. Junto con ella también iniciaron como fundadoras: Etelvina Cristales, Alicia Nerio, Tránsito Ramírez, Angelita de Madriz, María Teresa Tula, Sofia Escamilla, Miriam Granados, Alicia de García, Angelita Carranza, Antonia Mendoza, Ana Cristina Interiano y Alicia Zelayandía. A medida que se agudizaba la guerra, otras madres se iban incorporando.
El origen de la organización se remonta a la masacre de estudiantes ocurrida el 30 de junio de 1975, en el ataque perpetrado a una manifestación estudiantil, en la 25 Avenida norte frente al Hospital de Maternidad, por parte de agentes de seguridad del Estado. En esta marcha participó también el hermano de Alicia, “y nunca más supimos de él” dijo ella. Varias de las mujeres que junto a Alicia buscaban sus familiares encontraron otros jóvenes pero no sus familiares.
Por su lucha ella fue prisionera y torturada en diferentes ocasiones. Recientemente había recibido un reconocimiento por parte de la Comisión de Derechos Humanos de El Salvador (CDHES) por sus 32 años de arduo trabajo en la búsqueda de los desaparecidos y presos políticos. Ella promovió la convención sobre la desaparición forzada en las Naciones Unidas. Fue parte de la Federación y logró el status consultivo. Fue una fuerte activista para que se levantara el monumento a los desaparecidos levantado en el Parque Cuscatlán.
En entrevista realizada por la Revda. Blanca Irma Rodríguez a la Sra. de García a mediados de 2009, ella comentó algunos de los logros alcanzados. Como COMADRES enviaron un proyecto a las Naciones Unidad para que se declarara: crimen de lesa humanidad la desaparición forzada de personas.
También recordó el apoyo brindado por la Federación Luterana Mundial, desde febrero de 1985. “tuvimos el apoyo de la Federación Luterana Mundial -FLM, para poder asistir a la Asamblea General de las Naciones Unidas. Ellos pagaron los pasajes en tres ocasiones por medio de su representante en El Salvador, la Sra. Cristina (Kirsten Helin), el objetivo del viaje a la ONU era el de conocer la resolución a nuestras solicitudes puestas en el proyecto, allí les pedíamos tres cosas: 1. Que se declarara crimen de lesa humanidad la desaparición forzada. 2. Que se declarara el 30 de agosto día internacional del desaparecido político y 3. Que se le diera reconocimiento a COMADRES como organismo no gubernamental. En esta ocasión nos fue confirmado que ya la ONU nos había reconocido como organismo no gubernamental”. La FLM también apoyo el proyecto de Guardería de niños y niñas en estado de orfandad a causa del conflicto.
Nunca fue la intención crear una organización, solo querían encontrar sus seres queridos. Dijo la Sra. de García: “Nos reuníamos en los parque, las iglesias, así que comenzamos intercambiando información sobre los lugares que habíamos visitado, comenzamos visitando los cuarteles con la esperanza de encontrar allí, a nuestros familiares. Después, visitamos los hospitales y allí no encontramos a nadie. Después de eso, visitamos las cárceles, todas las cárceles de aquí (San Salvador) y las cercanas (gran San Salvador), pero no encontramos a nadie aquí cerca. Después pensamos que podíamos buscar en las cárceles en los departamentos, así fue que encontramos a 27 jóvenes: en Sonsonate, San Miguel, San Vicente y San Francisco Gotera en Morazán. Y todos los 27 jóvenes eran estudiantes de la Universidad”.
En esta búsqueda conocieron a Mons. Romero, en una visita que hicieron al penal de San Francisco Gotera, encontraron a 4 jóvenes, uno de ellos estaba cruelmente torturado. El castigo del barreno lo había inmovilizado por completo. Ellas salieron a comprarle medicamento pero cuando regresaron los vigilantes no las dejaron ingresar de nuevo al penal. Cuando estaban caminando de regreso encontraron un sacerdote, por lo que pensaron…, tal vez el padrecito nos hace el favor, se acercaron a él sin conocerlo y le dijeron: “mire padrecito, nosotros estamos visitando a unos muchachos que están presos en este penal y hay uno que está muy mal y necesita medicamento, aquí tenemos el medicamento pero ya no nos dejan entrar” el sacerdote dijo: -haber, demenlo, voy a intentarlo-. Tomó la medicina la colocó en su sotana y se fue. A eso de la media hora regresó diciendo: _ “no se preocupen, ya le apliqué la medicina y le di la de tomar ya va a estar bien. Hable con los cuatro jóvenes…”. _ Ellas continuaron la comunicación y relación con el sacerdote, poco tiempo después él las invitó a su iglesia, allí se dieron cuenta que el padrecito era el obispo Oscar A. Romero de Santiago de María.
El 3 de Febrero de 1977 que fue nombrado Arzobispo de San Salvador, se alegraron porque ya habían tenido apoyo de él. Una vez que asumió el cargo, fueron a visitarlo en su nueva residencia. Monseñor Romero les dijo “ustedes son las primeras mujeres que me vienen a ver”. Después de la cena, les pidió un informe de todos los desaparecidos. Ellas le entregaron la información que tenían y a partir de ese momento todos los viernes cumplían con la tarea de informarle sobre los desaparecidos de la semana. Lo que por “casualidad” empezó en Gotera se convirtió en algo muy importante para el grupo de mujeres defensoras de los derechos humanos de los presos y desaparecidos políticos.
El 24 de diciembre de 1977, Monseñor Romero invitó a varias de esas mujeres a compartir con él una cena, en las instalaciones del Seminario de San José de la Montaña. En esta reunión también contó la presencia de otros sacerdotes, quienes les aconsejaron abandonar las luchas dispersas y unirse en una sola voz. Así Monseñor Romero les dio el nombramiento de Comité de Madres en presencia de un sacerdote abogado, quien en adelante apoyaría las gestiones legales. Fue hasta después de su asesinato el 24 de marzo de 1980, que el Comité pasó a llamarse Comité de Madres “Mons. Romero”. Que descanse en Paz, ella que tanto trabajo en vida para alcanzarla.
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